INDICIOS Y SOSPECHAS TRANSITORIAS

La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.  (Galeano 2008).
No sé si mi matrícula de hincha esté todavía demasiado fresca para permitirme ciertas observaciones personales acerca del partido de ayer, pero como ya hemos quedado de acuerdo en que una de las condiciones esenciales del hinchaje es la pérdida absoluta y aceptada del sentido del ridículo, voy a decir lo que vi –o lo que creí ver ayer tarde– para darme el lujo de empezar bien temprano a meter esas patas deportivas que bien guardadas me tenía. (García Márquez 1995).
“Que raro que nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol. El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra”. (Borges 1978).
No me gusta el hincha porque tiene una extraña característica: no entiende por qué tú no lo eres e insiste en hablar contigo como si lo fueras. (ECO,1990)

Definir o describir el fútbol a través de una categoría resulta ser insatisfactorio para todos aquellos que de una forma u otra, se han sentido atraídos por la emoción de jugarlo, celebrarlo, sufrirlo y/o detestarlo. Parece entonces necesario preguntarnos desde la intersubjetividad, la duda y la contradicción que habitamos ¿cómo vemos el fútbol? ¿qué es el fútbol? ¿qué suscita este deporte?.

Hay muchas formas de acercarse al fútbol, desde el mercado comercial, donde el jugador es mercancía y servicio de entretenimiento; también a través de los estadios donde se disfruta, padece y odia; desde la lógica de los medios y el periodismo, quienes juegan en las dos canchas; y entre otras más, desde la práctica misma, adentro.

En el 2001, tras la ruptura de los diálogos de paz que adelantó Colombia con la guerrilla de las FARC, el país sufrió múltiples atentados que provocaron que Argentina renunciara a jugar la Copa América que organizó Colombia. Este año se juega el mundial de fútbol en Rusia y paradójicamente después de asistir por siete mundiales de forma consecutiva, la selección de fútbol de Estados Unidos no estará presente. Hace unas semanas fue envenenado un ex espía ruso con su hija en Inglaterra, y se insinuó la posibilidad de cancelar la participación de la selección inglesa en el mundial de Rusia, de comprobarse la participación del Kremlin. En junio del 2010, el presidente de Nigeria prohibió la participación de su selección durante dos años por los resultados de la Copa del Mundo de Sur África, y el 5 de julio del mismo año tuvo que retirar la prohibición después de un llamado de atención de la FIFA.

El mercado de pases llena cada temporada la parrilla de noticias de los medios de comunicación y las conversaciones en redes sociales. Además de las exorbitantes sumas de dinero que se puedan llegar a mover, el principio básico de compra y venta de personas suscita diferentes cuestionamientos. Actualmente al jugador de fútbol no le alcanza con su destreza y talento para ser fichado por un equipo, necesita un representante. El jugador como mercancía, un juego de “esclavos” para divertir a la sociedad y una desigualdad abismal, son componentes del fútbol que han sido aprobados y normalizados por la sociedad en general.

Los medios de comunicación atraviesan nuestra sociedad y son en gran parte responsables de la magnitud del fútbol. La transmisión en vivo de la final del mundial de Brasil conecto a más de 1.303 millones de personas. Nos enlazamos al televisor horas antes de empezar el partido, porque el juego como tal, es el desenlace del preámbulo mediático que se han ido inventando para registrar, debatir y comentar desde el corte de cabello de los jugadores, hasta lo que cada familiar le dijo al futbolista antes del partido. Así mismo, el acto deportivo no solo se registra desde el estadio, sino desde los lugares donde llega la señal en vivo, como un selfie en el espejo, nos repetimos, retrasmitimos, comentamos y conversamos sobre las mismas imágenes una y otra vez. ¿Quién lo trasmite? ¿Cuánto cuesta hacerlo y verlo? Son otras preguntas.

El contacto físico está en el juego, se goza y se busca constantemente demostrarles a los otros las habilidades físicas y la agilidad mental con la que se cuenta. Ese placer y padecer constante en el que también convive la frustración y el triunfalismo, hablan de nuestra relación antropológica con la caza y la guerra; y con la creación del espectador, que desde el estadio, la casa, los bares y otras adaptaciones, hace parte de diversos fenómenos sociales relacionados con la satisfacción de observar al otro.

Más allá de las diferencias que suscitan las diversas formas en las que puede ser abordada y descrita esta práctica deportiva y su espectáculo, el fútbol es el deporte más popular del mundo. En su grado de importancia y globalización, podemos encontrar una amplia diversidad de discursos relacionadas con el heroísmo y el nacionalismo. También posiciones xenófobas y sectarias cuando se analiza jugadores, equipos, selecciones y otros matices. El fútbol está profundamente entretejido en nuestra cultura y aun cuando nos declaramos apáticos, somos parte de ese discurso.

Pese a la magnitud de este deporte, su narrativa, imagen y poder dramatúrgico, la producción de obras sobre el tema ha sido baja y poco reconocida. En un artículo publicado por la revista Diners (2006), se preguntaba por el bajo interés desde las prácticas artísticas que ha existido por este deporte, y se lanzaba una hipótesis relacionada con el sedentarismo y la apatía deportiva por parte de los artistas. Pese a esto, el tema ha sido abordado por Andy Warhol, Pablo Picaso, Mino Rosso, Fernando Botero, David Manzur, entre otros.

En la dirección de aumentar el conocimiento y reconocimiento, en los últimos años, espacios como Los Ángeles County Museum of Art (LACMA), Museo Nacional de Bellas Artes de Chile, Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Muntref), entre otros, han desarrollado exposiciones con el objetivo de evidenciar el impacto del deporte en cuestión de nacionalismos, regionalismos, identidades culturales, contradicciones discursivas, y el mundo del espectáculo. Desde el Centro Cultural Casa Bolívar ASW se quiere conocer y socializar diferentes formas de representar, contar, sentir y entender el fútbol a través de una muestra artística, que hable desde la diversidad sobre este deporte. Estamos seguros que esta iniciativa nos permitirá atraer y vincular el público que habitualmente se interesa por el arte y también a quienes se interesan más por el fútbol.

Conozca las bases de convocatoria a la exposición colectiva
“Más o menos fútbol”

Texto y fotografía: Alexander Vargas Sanabria

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